Madres 2
Madres 2
No quise procrear, ni adoptar. Mi decisión fue radical. Eso me supuso perder relaciones con personas que querían formar familia con descendencia. Yo lo tuve claro. Casi desde muy niña.
Mi madre adoptiva me regalaba muñecas. Yo no jugaba con ellas. Me gustaba hacer dibujos en los libros ilustrados de su biblioteca. En eso fue tolerante. Nunca mostró enfado. Al contrario. Creo que vio en ello una inquietud creativa que le fascinó. También los rasgaba y recortaba, haciendo montajes caóticos, pegando esas partes en muebles y paredes. Para ello tenía una masilla azul que me permitía mover los montajes y modificarlos. De aquello, Marcia dejó constancia en archivos digitales de fotografía y vídeo. En ellos escucho su voz.
No soy artista. Me he ganado la vida, como se suele decir, vendiendo aire y haciendo crecer las riquezas de los pocos que disponen de ella. No me quejo. Saqué mi parte. Vivo con comodidad y dispongo para cubrir de sobras mis necesidades.
Aquella biblioteca ya no está. Pasó a reciclaje. El papel ha sido útil. Cuando murió Marcia lo dejó para el bien común, así se anunciaba en ese tiempo, ahora no. Si tuviera herederos no obtendrían nada, nada nos pertenece en sí mismo. Nuestras cosas son de uso y disfrute, y a medida de nuestras necesidades y posibilidades. No todos somos iguales, se incentiva. No creo que se pudiera salvar ningún libro, porque en mi niñez fueron mi entretenimiento principal. Supongo que usaron la materia prima. No sólo para papel. Muchas estructuras y muebles son producto de reciclajes y re utilización.
Las muñecas están en su envoltorio original. Algunas en cajas. Apiladas y arrinconadas. Nunca me llamaron la atención. A veces pienso en dar cuenta de ello y ofrecerlas, pero lo dejo estar. Cuando accedan a mis cosas harán con ellas lo que quieran, porque hoy en día no son juguetes infantiles. Me cuesta dar ese paso. Mi madre tenía tanta ilusión cuando me las ofrecía que no me siento capaz de hacerlo.
En nuestra casa hay un piso debajo del sótano. Un espacio secreto que no aparece en planos ni historia de construcción. Esos espacios abundan en nuestro barrio marinero. Es dónde escondían estraperlo u otras cosas, o personas.
Me llamo Marcia y tengo los apellidos de ella. En otro sitio sería Marcia Junior, pero aquí siempre fui Marcia. Eso desconcertaba.
Decía ella que le habían puesto ese nombre por una canción de los ochenta del siglo XX. Me informé. Sé de qué va. Lo que no sé es porqué le puso ese nombre su madre, que también la había adoptado. Casualidad. Mamá Marcia murió joven.
Mi abuela, Ana, eligió una vida entre mujeres. En su tiempo con cierta clandestinidad. Era una opción no visible. Cuando era niña, muchas veces me quedaba en su casa. En la que vivo ahora. Nunca entró ningún hombre en ella. Si le preguntaba, ella decía que no hacía falta gastar saliva con quien no quiere saber. De ella sé que tuvo un padre y una madre, y un hermano, pero que se alejó de ellos, porque siempre se había sentido infravalorada. Abuela Ana me decía que si te rodeas de personas que no te valoran acabas perdiendo confianza en ti.
Cuando le preguntaba sobre mi madre, me decía que quiso una niña y buscarla con un embarazo no le aseguraba que lo fuera.
Mamá y yo tenemos rasgos distintos a los de ella, pero muy similares entre nosotras.
Yo me llevo bien con cualquier persona que me dé buena energía. Tengo un sentido muy desarrollado. Advierto enseguida el engaño y la mentira.
Tengo intimidad con aquellas personas que me atraen intelectualmente. No me importa su orientación sexual. No podría intimar con alguien con quien no pudiera compartir mi mundo imaginario.
Para no procrear pasé por anular mi útero. La intervención no fue traumática. Mantuvieron mis ovarios para que no sufriera desajustes hormonales. Tomé esa decisión sin consultar a nadie. Considero que sólo me compete a mí todo lo que me atañe. Mi madre también había pasado por el mismo proceso y mi abuela también. A Ana no le fue tan grato porque ella tuvo un problema de salud que le llevó a esa intervención. A mamá tampoco le vino dado. Ella lo consiguió como terapia preventiva, después de adoptarme. Con la adopción cumplió con la responsabilidad exigida. Ahora no padecemos esa obligación. Al contrario. Querrían reducir, definitivamente, la población en el planeta. No les han bastado pandemias y hambrunas. Somos prescindibles. Por eso favorecen intervenciones como la que elegí. El sistema tiene en su mano esa información que yo codicio. Mi origen genético. No me extrañaría que de mi otra madre y otra abuela hubiera de más.
He vuelto cada año a ese país. Ahora no me pierdo. Lo conozco bien. Nunca más me he vuelto a encontrar con mi réplica joven. Estoy segura de haberme visto ante mí misma. Mamá vivía. Se lo conté y me animó. He aprendido distintos idiomas minoritarios, pero no he conseguido encontrar el eco del que ella uso. En sueños me encuentro con ella y hablamos. Nos entendemos desde la mente, por telepatía. Cuando intentamos abrazarnos ella desaparece, es como si me acercara como la imagen en un espejo. Mamá está a mi lado y me acuna. Es un sueño recurrente, con poca variación.
Pienso que ella, al hacerse mayor igual me recuerda. Igual me busca.
https://labrysmoom.wordpress.com/2023/03/31/madres-2-2/
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